jueves, 2 de febrero de 2017

La prosa medieval española.

I. Introducción.-
Se puede afirmar que hasta el siglo XIII no aparecen las primeras manifestaciones de la prosa romance. Hasta ese momento sigue siendo el latín el vehículo utilizado para la transmisión de conocimientos, para la elaboración de textos jurídicos, administrativos, etc., aunque dentro de ese latín se van introduciendo, inadvertida e inconscientemente, formas romances. A menudo, además, se encuentran en los textos anotaciones al margen en lengua vulgar que explican algunas expresiones latinas, las llamadas “glosas”. Según Menéndez Pidal, en el siglo X habría que localizar las glosas Emilianenses y Silenses (de los monasterios de San Millán y de Silos, respectivamente), breves textos explicativos que ya presentan una cierta estructura1. Pero el romance sigue siendo considerado una jerga popular incapaz de dar cabida al tratamiento de temas “serios”, entendiendo por tales los jurídicos, históricos, filosóficos o científicos. No estaría de más reflexionar sobre los hechos deducibles de esta realidad: 1) la cultura permanece aislada del común de la población y queda reducida a los conocedores del latín; 2) la escasa formación de muchos de los conocedores de esta lengua latina hacen que ésta sufra los achaques producidos por esta ignorancia, siendo contaminada por el romance (el hecho de recurrir a las glosas se explica desde la inseguridad de los conocimientos de la lengua).
La irrupción de la prosa romance, sin embargo, no nos puede engañar haciéndonos pensar en una popularización del saber: la mayoría de la población es analfabeta y cualquier texto escrito está, para esta mayoría, en “griego”.
El romance va sustituyendo al latín a comienzos del siglo XIII en las colecciones de apólogos, tratados doctrinales y morales, y obras históricas. Durante el reinado de San Fernando aparecen las que podríamos considerar primeras manifestaciones en prosa, que podemos dividir en dos grupos:
-Obras de tendencia didáctico-doctrinal, como Diálogo o Disputa del cristiano y el judío.
-Obras narrativas, como el Libro de Calila e Dimna o el Sendebar.
También hemos de referirnos aquí a la famosa escuela de traductores de Toledo que puede decirse que comienza con la reconquista de esta ciudad en el año 1085. La figura clave es Raimundo, arzobispo de la ciudad entre 1126 y 1152, que convirtió una actividad esporádica en una escuela organizada: se consolida una corriente de traducción con su equipo de eruditos, traductores y escribas, aparte de una cuantiosa biblioteca de libros científicos y de otra índole. Las fuentes son a menudo árabes (a través de las traducciones árabes ha recuperado la tradición occidental a muchos autores griegos, como Aristóteles o Hipócrates) y griegas. Uno de los métodos de traducción de estos textos al latín era el siguiente: un judío debía hacer una traducción provisional al romance (ni siquiera, tal vez, por escrito) que luego un cristiano vertería definitivamente al latín2.


II Alfonso X (1221-1284).-
A los treinta años hereda el trono de Castilla y León y su labor como monarca puede ser calificada de fracaso político. Sin embargo, su trabajo como impulsor de la prosa castellana es fundamental para la historia de ésta. A él se debe el auge y afirmación del castellano como lengua de cultura apta para ocuparse de temas históricos o jurídicos. Si hasta Alfonso X los documentos del reino se elaboran en latín, a partir de él, se utiliza el castellano y el propio monarca se dirige a sus vasallos en la misma lengua (incluso llega a escribir a reyes extranjeros en castellano). Esta primacía de la lengua castellana puede deberse al deseo de Alfonso X de utilizar el único idioma común a sus súbditos de tres confesiones (árabes, judíos y cristianos).
Este entusiasmo lingüístico lleva a Alfonso X a promover la elaboración de numerosos textos de carácter científico e histórico en castellano, que él mismo revisaba y corregía dada su preocupación por conseguir una prosa castellana apropiada y expresiva, de sintaxis y vocabulario organizados:
“[...] tolló las razones que entendió eran sobejanas et dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras que entendió que complían; et quanto en el lenguaje, endreçólo él por sise”.
II.1. Obras históricas: en este apartado consideraremos dos obras, La General Estoria3 y La Estoria de España o Crónica General. La primera pretende ser una historia de la humanidad desde sus orígenes hasta sus días. Sin embargo, lo ambicioso de la obra, que usa como base la Biblia pero recurre a muchas otras fuentes complementarias (los autores clásicos greco-latinos), hace que se detenga en los tiempos anteriores al nacimiento de Cristo. La segunda quiere ser una historia de España desde los antiguos pueblos afincados en la península hasta el propio Alfonso X. En la primera parte se trata de estos pueblos primeros y de la historia de Roma, la monarquía visigoda y la invasión musulmana. En la segunda se utilizan a menudo como fuentes poemas épicos medievales, a veces resumidos, a veces prosificados, lo cual nos ha permitido reconstruir no pocos de ellos4.
II.2. Obras jurídicas: aquí hemos de referirnos a Las Partidas o Libro de las Leyes, texto en el que el equipo de Alfonso X considera las siguientes materias: 1º, el estado eclesiástico; 2º los emperadores, reyes y otros grandes señores; 3º la justicia y su administración; 4º las relaciones entre las personas (matrimonio y familia); 5º las relaciones económicas entre los hombres (préstamos, compras, cambios, etc.); 6º los testamentos y herencias; y 7º, los delitos y las penas.
II.3. Tratados científicos: dentro de este apartado pueden considerarse los Libros del Saber de Astronomía, las Tablas Alfonsíes, el Lapidario y el Setenario. El primero revisa la doctrina de Ptolomeo utilizando fuentes árabes y hebreas, pero tratándolas de corregir y de modernizar por medio de observaciones propias5. El segundo es el resultado de las observaciones realizadas en un centro que el rey hizo construir a tal efecto en Toledo. Se trata en este texto de los planetas, la Luna, el Sol y algunas estrellas importantes; se estudian los eclipses y sus fechas y la medida del tiempo.
El Lapidario, como su nombre indica, es un estudio de las propiedades de las piedras preciosas, en el que se entremezclan ciencia y superstición. El Setenario es un libro donde se tratan temas diversos referidos al ámbito jurídico y didáctico.
No podemos dejar de citar aquí uno de los más bellos tratados mandados redactar por Alfonso X: los Libros de açedrex, dados e tablas, donde se consideran distintos juegos.


III. D. Juan Manuel (1282-1348).-
Sobrino de Alfonso X, pertenece a la alta nobleza y desde esa condición tuvo una activa vida política y militar. Pero lo que nos interesa aquí es su afán literario que podemos concretar, fundamentalmente, en tres obras en prosa6: el Libro del Caballero et del Escudero, el Libro de los Estados y el Conde Lucanor o Libro de Patronio.
Recordemos que estamos en el siglo XIII, una época en la que los autores empiezan a reclamarse responsables de sus obras, en la que la literatura en lengua romance está abandonando su carácter popular y anónimo (o colectivo) para encontrar escritores que firman su obra. En el caso del autor que nos ocupa este empeño se lleva a su máxima expresión: D. Juan Manuel no sólo firma sus obras sino que él mismo escribe una versión, llamémosla definitiva, que deposita en el Monasterio de Peñafiel y que se ofrece a los posibles lectores como referencia en el caso de que encuentren algún error en el ejemplar que utilicen. Siempre se cita lo escrito a este propósito por el propio infante en el prólogo general a sus obras:
“Et recelando yo, don Johan, que por razón que non se podrá escusar, que los libros que yo he fechos non se ayan de trasladar muchas vezes, et por que yo he visto que en el transladar acaeçe muchas vezes, lo uno por desentendimiento del scrivano, o por que las letras semejan unas a otras, et que en transladando el libro porná una razón por otra, en guisa que muda toda la entençión et toda la suma, et será traýdo el que la fizo non habiendo y culpa; et por guardar esto quanto yo pudiere, fizi fazer este volumen en que están scriptos todos los libros que yo fasta aquí he fechos [...] Et ruego a todos los que leyeren qualquier de los libros que yo fiz, que, si fallaren alguna razón mal dicha, que non pongan a mí la culpa fasta que bean este volumen que yo mesmo concerté”.
A pesar de esta preocupación del escritor por la corrección de sus escritos y su afán por legar a la posteridad la copia fiel de sus desvelos, un incendio en el monasterio destruyó los originales y lo que hoy en día tenemos son copias que tal vez el autor censuraría7.
En cuanto a sus obras fundamentales, el Libro del Caballero et del Escudero nos presenta a un anciano caballero que adoctrina a su joven escudero, de origen humilde pero adornado de todas las bondades, de modo que nos encontramos con una obra enciclopédica en la que se encuentran los conocimientos de la época sobre filosofía, teología y ciencias naturales.
El Libro de los Estados se fundamenta en la cuestión religiosa, pero la transciende en el sentido de ofrecernos más que una defensa del cristianismo, un tratado sobre el arte de gobernar que, aunque contempla la preocupación espiritual por el destino del alma humana, se fija más en los problemas más inmediatos del mundo material.
Pero la obra más conocida e importante de D. Juan Manuel es el Conde Lucanor o Libro de Patronio. Se compone el libro de cincuenta apólogos8 en los que se refieren distintos problemas, tanto espirituales (la salvación del alma) como materiales (la hacienda, el estado social, etc.). La estructura de cada relato se ordena en tres partes: 1) el Conde Lucanor le propone un problema a su ayo Patronio; 2) éste le contesta con un apólogo o ejemplo en el que ese mismo problema aparece; 3) se resume la solución en una moraleja en forma de dístico.
Los cuentos son tan variados como las fuentes utilizadas por el autor: hay fábulas esópicas y orientales, alegorías, relatos fantásticos y heroicos, parábolas y cuentos satíricos. Se recurre a las fábulas clásicas, a la literatura árabe y oriental, a los relatos evangélicos, a las crónicas, a los relatos orales y habría que añadir los relatos fruto de la invención del Infante Juan Manuel.


IV. El Canciller López de Ayala [1332-1407].-
Hombre de su tiempo, en tanto que político y militar, es uno de los más importantes cultivadores de la prosa española medieval. Su principal aportación son las Crónicas, textos históricos en los que el Canciller nos propone una forma de historiar casi novelesca que impone a los hechos la viveza, la intensidad, la intriga y el dramatismo del arte de la narración. Para ello el autor recurre al uso de diálogos, cartas, arengas y escenas en las que el autor hace vivir a los personajes cuya vida está ofreciendo al lector.
Escribió cuatro crónicas sobre otros tantos reyes a los que conoció y sirvió: Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III9. La dedicada al primero es la más reputada por haber sido la vida y personalidad de este rey muy interesantes, repleta aquélla de acciones dramáticas, como la muerte que sufrió a manos de su hermanastro Enrique y que permitió que éste se coronase rey:
“[...] e así como llegó el rey don Enrique, trabó del rey don Pedro. E él non le conoscía, ca avía grand tiempo que non le avía visto; e dicen que le dijo un caballero de los de mosén Beltrán: “Catad que este es vuestro enemigo”. E el rey don Enrique aun dubdaba si era él; e dicen que dixo el rey don Pedro dos veces: “Yo so, yo so”. E estonces el rey don Enrique concoscióle, e firióle con una daga por la cara; e dicen que amos a dos, el rey don Pedro e el rey don Enrique, cayeron en tierra, e el rey don Enrique lo firió estando en tierra otras feridas. E allí morió el rey don Pedro a veinte e tres días de marzo deste dicho año”.
1 Uno de estos textos es el siguiente: “Cono aiutorio de nuestro dueño dueño Cristo, dueño Salbatore qual dueno get ena honore e qual duenno tienet ela mandatione, cono Patre cono Spiritu sancto enos siéculos de los siéculos Facanos Deus omnipotens tal serbitio tere ke denante ela sua face gaudiosos segamus. Amen”.
2 A este propósito escribe Álvaro Galmés: “Esta técnica de una traducción oral del árabe al castellano y después del castellano intermedio al latín que debió ser general, sin duda, desde los tiempos de don Raimundo hasta los días de Alfonso el Sabio, se ve confirmada también con la constatación de los abundantes hispanismos que exigen una versión castellana intermedia, y que se encuentran en el latín de las traducciones hechas en Toledo”. Y más adelante: “En las versiones alfonsíes, un traductor inicial, especialmente ducho en árabe, realizaría una primera traducción oral, bárbara en su lenguaje por demasiado fiel al modelo, a la vez que un segundo traductor, especial conocedor de la lengua romance, vertería a un español literario cuanto oía de labios del primero”
3Ejemplo de la General Estoria: “Ca la remembrança del sabio non será para siempre, otrossí como la del loco, e los tiempos que de venir an, a todas las cosas cobrirán de olvidança egualmientre. Muere el sabio e otrossí el necio sin saber.
“E por ende me enojé de mi alma, veyendo cómo todas las cosas de so el sol eran malas e todas vanidat e pena del espíritu”, Tercera parte, Eclesiastés (II, 15-20).
4 Véase 1.3.
5 La Tierra permanece inmóvil en el centro del Universo y los planetas giran en torno a ella.
6 Parece que escribió un texto poético, el Libro de los Cantares, que se ha perdido.
7 Nótese el contraste entre la preocupación de D. Juan Manuel y la despreocupación de su contemporáneo Juan Ruiz.
8 Apólogo: relato alegórico del que se deduce una enseñanza moral o un consejo práctico.

9 Ésta última quedó inacabada debido a la muerte del escritor.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Lírica primitiva española.

1.- Introducción.

La literatura española es el resultado inevitable de la aparición de realidades lingüísticas nuevas (esencialmente las lenguas romances). La realidad cultural nos enfrenta a una población analfabeta en su mayoría, que habla lenguas llamadas vulgares y que en ellas elabora sus canciones y construye sus relatos.
La primera manifestación literaria en lengua romance parece ser de carácter lírico puesto que así parece razonable considerar las canciones de todo tipo que cualquier cultura labra en su propia lengua. De ahí que la llamada lírica tradicional sea la que nos proporciona testimonios más añejos del cultivo estético de las lenguas romances. La lírica tradicional o mejor, la lírica primitiva, puede dividirse en dos grandes grupos: uno de carácter culto (las cantigas de amor y las cantigas de escarnio y maldizer gallego-portuguesas, junto con la lírica catalano-provenzal) y otro de carácter popular, más antiguo (como las jarchas arabigo-andaluzas, las cantigas de amigo gallego-portuguesas y los villancicos castellanos).
Si nos fijamos ahora en la situación geográfica, debemos distinguir cuatro núcleos: el arábigo-andaluz, el gallego-portugués, el catalano-provenzal y el castellano.

2.- La lírica arábigo-andaluza: las jarchas.
En la península conquistada por los musulmanes se cultivan dos tipos de composiciones poéticas: la “qasida”, que pertenece a la tradición clásica, es un tipo de poema no estrófico compuesto por versos monorrimos en consonante; el “zéjel” y la “moaxaja”, propios de la cultura hispanoárabe, ambos estróficos, de rimas consonantes y asonantes: el primero se escribe en lengua árabe vulgar, con introducción de algunas palabras mozárabes, mientras que el segundo, que parece combinar lo clásico y lo popular, está escrito en árabe clásico y aparece rematado por unos versos en lengua popular, árabe o mozárabe. Estos versos son los que hoy se conocen como “jarchas”.
Se atribuye a Muqaddam (o Muhammad), poeta que recogía versos del pueblo y construía sus poemas sobre ellos, la invención de la moaxaja en torno al año 900. De este modo se nos sugiere que la jarcha constituye el núcleo sobre el que se construye la moaxaja o, dicho de otro modo, los versos populares constituyen la esencia del texto y los versos cultos no son más que un desarrollo de aquéllos al modo de las glosas.
Así pues, los primeros testimonios de literatura en lengua romance están compuestos en dialecto mozárabe (en la zona peninsular ocupada por los musulmanes, pero en la que existen comunidades cristianas cuya lengua materna es un dialecto del latín). Las jarchas tienen un carácter popular, como lo prueba el hecho de que una misma jarcha aparece en moaxajas de distintos poetas con ligeras variantes. Casi todas ellas giran en torno al amor femenino: expresan el anhelo de una doncella en la ausencia de su amante, el dolor de su partida o infidelidad o, en ocasiones, el júbilo ante su presencia. El paisaje es urbano, no rural. Veamos algunos ejemplos:
“Tant' amare, tant' amare,
habibi, tant' amare!,
Enfermeron welyos gayados,
ya duelen tan male.”

“¿Qué faré, mamma?
Mieo al-habib est' ad yana.”
La más antigua de las jarchas puede fecharse en el siglo XI, pero dada su naturaleza y los aspectos que acabamos de comentar, parece razonable localizarlas en siglos anteriores.
En cualquier caso hemos de agradecer a los poetas hispanoárabes e hispanohebreos cultos el haber recurrido a estas cancioncillas para su actividad literaria, ya que de no ser así probablemente se hubieran perdido. Además hemos de concluir aquí que una cosa es la realidad literaria popular y otra muy distinta la posibilidad de fecharla con rigor, ya que siempre hemos de recurrir a los testimonios escritos cuyos intereses se corresponden, a menudo, con la literatura culta.

3.- La lírica galaico-portuguesa.
La postulación del sepulcro de Santiago de Compostela como el del apóstol Santiago, santo patrón de España, en el siglo IX, creó una corriente económica, política y cultural hacia Galicia que explica la influencia de la literatura provenzal (sur de Francia) en la gallega. El poeta galaico-portugués más antiguo del que tenemos noticia es Joao Soares de Paiva (nacido en 1141), pero los textos de este y otros autores posteriores están recogidos en cancioneiros que datan del siglo XV. Volvemos a enfrentarnos con el mismo problema que reencontraremos al tratar la lírica castellana: una cosa es cuándo puede fecharse una obra y otra cuándo tenemos constancia escrita de la misma. En el caso que nos ocupa la labor se ve facilitada por tratarse de poetas conocidos y así poder establecer una época concreta para su obra; muy distinto es el caso de la poesía popular, de autor desconocido, ya que sólo podemos remitirnos al texto conservado o a la especulación.
Las composiciones de la lírica galaico-portuguesa pueden clasificarse en tres grandes grupos: las cantigas de amor, las cantigas d'escarnho y las cantigas de amigo. Las dos primeras están relacionadas con la lírica provenzal, mientras que la tercera parece de inspiración popular y mantiene cierta relación con las jarchas y los villacincos castellanos.
En las cantigas de amor los caballeros se lamentan del desdén de la amada o de los rigores de su ausencia. Esta composición estaría relacionada con la canción provenzal, de asunto amoroso. Sirva como ejemplo el poema de Bernal de Bonaval:
A dona que eu amo e teño por seño
amostradema, Deus, se vos en pracer for,
senon, dadema morte.
A que teño eu por lume destes ollos meus
e por que choran sempre, amostradema, Deus,
senon, dadema morte.
Esa que Vos fecestes mellor parecer
de quantas sei, ¡ai Deus!, facedema veer,
senon, dadema morte.
¡Ai, Deus!, que ma facestes mais ca min amar,
mostradema u posa con ela falar,
senon, dadema morte.
Las cantigas d'escarnho se relacionan el sirventés provenzal, texto de intención satírica. Aquí el poeta satiriza a personajes principales, a poetas rivales, a damas casadas o a doncellas. Así, Pedro da Ponte escribió:
¡Morto e Don Martin Marcos! ¡Ay, Deus, se e verdade!
Seica, se ele e morto, morta e torpidade,
morta e bavequia e morta neiscidade,
morta e cobardia e morta e maldade.
Se Don Martiño e morto, sen prez e sen bondade,
oimais, maos costumes, outro señor catade;
mais non o hacharedes de Roma ata a cidade.
(Se tal señor queredes, allur lo demandade!
Pero un cabaleiro sei eu, par caridade,
que vos axudaria toller del soidade;
mais ¿queredes que vos diga ende ben a verdade?:
Non e rei nen conde, mais e outra potestade
que non direi, que non direi, que non direi.
La cantiga de amigo es una composición puesta en boca de una joven enamorada que llora la ausencia del amado y nos propone su dolor en forma de confidencias a su madre o a sus amigas, o dialogando con los pájaros o los árboles. Pedro Meogo escribió:
-Digades, filla, mia filla belida:
¿por que tardastes na fontana fría?
-Os amores hei.
-Digades, filla, mia filla louçana:
¿por que tardastes na fria fontana?
-Os amores hei.
Tardei, mia madre, na fontana fria;
cervos do monte a auga volvian.
-Os amores hei.
Tardei, mia madre, na fria fontana;

cervos do monte volvian a auga.
-Os amores hei.
-Mentis, mia filla, mentis por amigo;
nunca vi cervo que volvese o rio.
-Os amores hei.
-Mentis, mia filla, mentis por amado;
nunca vi cervo que volvese o alto.
-Os amores hei.
4.- La lírica catalano-provenzal.
Esta escuela se conoce en realidad como lírica provenzal e influyó de manera notable en la lírica galaico-portuguesa. Guillermo de Poitiers, duque de Aquitania, que vivió de 1071 a 1126, es el primer trovador de nombre conocido. Características de este poesía son su artificiosidad y su refinamiento, la idealización de la mujer, la complicación y variedad de su métrica, y el rebuscamiento en la expresión. Se trata, en definitiva, de una poesía ya culta, alejada de la senda popular por la que transitan otras muestra tempranas de la lírica europea, como las jarchas o las cantigas de amigo.
Sus géneros principales son la canción, de asunto amoroso; el serventesio (o sirventés), de intención satírica; y la tensó, disputa o partiment, donde los poetas contendían entre sí en torneos verbales sobre los más variados temas.
Un ejemplo de la obra del arriba citado Guillermo de Poitiers:
Qual pro i auretz, dompna conja,
si vostr'amors mi deslonja?
Par que-us vulhatz metre monja!
E sapchatz, quar tan vos am,
tem que la dolors me ponja,
si no.m faitz dreg dels tortz q'ie.us clam.
Esta poesía se introdujo en Cataluña durante el reinado de Alfonso II (1162-1196). Muchos autores nacidos en Cataluña aprenden provenzal para escribir sus poemas y de ahí el epígrafe que le hemos dado a esta parte, ya que puede considerarse esta lírica provenzal como la más primitiva cultivada en esta parte de España. Un poeta catalán, Ponç de la Guàrdia escribe:
A Deu coman tot cant reman de sai;
ploran m'en part, car las domnas am nems.
Tot lo pais, de Salsas tro a Trems,
salv Deus, e plus cel on midons estai.



5.- La lírica castellana.
Estrictamente hablando, la lírica primitiva castellana debe ceñirse a los villancicos que, salvo excepciones, no constan por escrito hasta finales del siglo XV o ya en el XVI. Sin embargo, como ya hemos escrito, no parece razonable pensar que una lengua en expansión y con un número no despreciable de hablantes no haya producido canciones populares (recordemos las jarchas, productos literarios de unos dialectos domésticos en un contexto en el que es otra la lengua dominante). En consecuencia hemos de suponer que la lírica tradicional castellana no es menos antigua que las demás manifestaciones peninsulares, pero lo cierto es que no tenemos constancia escrita de su existencia hasta fechas tardías.
Consta el villancico de dos partes: el estribillo -dos, tres o cuatro versos iniciales- que se repite al final de cada estrofa, y la glosa, estrofas que desarrollan el tema propuesto por el estribillo. Sin embargo, encontramos no pocos ejemplos de la lírica primitiva castellana en los que no encontramos esta estructura. Los villancicos son poemas amorosos en los que el interlocutor es una doncella, si bien, en un estadio de la tradición más tardío y complejo, su asunto puede estar constituido por el amor de un hombre. El tema más frecuente es el del amor desdichado, lamentándose la mujer de la ausencia de su amante, como podemos comprobar en este ejemplo:
Estas noches atán largas
para mí
no solían ser así.
Solía que reposaba. Agora que sé
las noches con alegría,
y el rato que no dormía
en sospiros lo pasaba:
mas peor está que estaba;
para mí
no solían ser así.
Pero también son tratados otros asuntos como el de la muchacha que protesta ante la idea paterna de que profese como monja:
¿Agora que sé de amor
me metéis monja?
¡Ay Dios, qué grave cosa!
Agora que sé de amor
de caballero,
¿agora me metéis monja
en el monesterio?
¡Ay Dios, qué grave cosa!.









-



Arábigo-andaluza

Galaico-portuguesa



Castellana

Catalano-provenzal



Nombre

Jarcha

Cantiga de amigo

Cantiga de amor

Cantiga de escarnho

Villancico

Canción

Sirventés

Disputa

Lengua

Mozárabe

Gallego-portugués



Castellano

Catalán



Carácter

Popular

Popular

Culto

Culto

Popular

Culto

Culto

Culto

Autor

Anónimo

Conocido

Conocido

Conocido

Anónimo

Conocido

Conocido

Conocido

Tema

Amoroso

Amoroso

Amoroso

Satírico

Variado

Amoroso

Satírico

Variado

Narrador

Mujer

Mujer

Hombre

Hombre

Mujer/Hombre

Hombre

Hombre

Hombre






Épica medieval española.

1.- Definición.
El género literario que conocemos como épica se manifiesta en la Edad Media y en las lenguas romances por medio de los llamados “cantares de gesta”. Éstos reciben con propiedad el nombre de “cantar” porque no estaban destinados a la lectura, sino al canto o la recitación. Se los conoce con el nombre genérico de “épica medieval” para distinguirlas de la antigua clásica y de la posterior renacentista; y también “romance” para “señalar la lengua, en esta ocasión histórica, en que la dominante es el latín”, como ya hemos escrito. A lo que habría que añadir todavía el dictado de “popular” con que generalmente se la designa para señalar positivamente dos rasgos: primero, el que fuera dirigida a todo el pueblo sin discriminación, entendido en su más amplio sentido social, desde el rey al más humilde lugareño; segundo, que tratara fundamentalmente de asuntos contemporáneos y, por tanto, perfectamente inteligibles para todo género de oyentes sin especial información o preparación.
La épica puede entenderse como el arte de propaganda de la clase dominante feudal, arte de origen germánico y desarrollado, precisamente, entre pueblos con tales raíces, como es el caso de Castilla. La épica es un arte público, oral y juglaresco, y subsiste como tal mientras subsiste la sociedad a que pertenece, el mundo cerrado y orgánico del feudalismo. La idea de totalidad es de esencial importancia en la épica, y aparecerá encarnada en un héroe que, a la vez que se afirma a sí mismo, representa los intereses particulares de su clase o fracción de clase y los valores reales o míticos de su comunidad. Así, el héroe épico no es un individuo; su destino es el destino de la comunidad a la que pertenece. Por otro lado, es evidente que en muchas ocasiones el claro intento propagandístico de los poemas épicos castellanos se une con las alabanzas a un cierto monasterio, a favor de los intereses económico-políticos del mismo, que aparecerá inextricablemente enlazado con la historia del país. Así el Poema de Fernán González se vincula con el monasterio de San Pedro de Arlanza y el Poema de Mio Cid con el de San Pedro de Cardeña.
Podríamos decir que la épica medieval es una narración heroica en verso (su equivalente en prosa es la saga) y cuyo objeto esencial se ha definido como la “persecución del honor a través del riesgo”. El poeta épico aborda las hazañas de un héroe, individual o colectivo, en la mayoría de los casos fuertemente arraigado en su contexto comunitario.
Pueden distinguirse dos tipos de épica:
-Épica culta (medieval y renacentista), que entronca con la Eneida. Escrita en latín en la Edad Media, con alguna excepción, como el Libro de Alexandre (sobre el siglo XIII).
-Épica heroica: poemas dirigidos a una audiencia popular, compuestos oralmente o por escrito.
La diferencia esencial entre la épica literaria y la heroica, no ha de buscarse en el autor o en el tema (aunque pueda haber alguna diferencia en casos particulares), sino que ha de buscarse, más bien, en el público y en la tradición en la que los poetas se hallan inmersos.
Deyermond defiende que la Edad Heroica debe situarse a comienzos de la independencia de Castilla (en torno al año 1000), y que no fue sólo fuente de inspiración sino el periodo en el que los poemas se originaron.

2.- Teorías acerca del origen de los poemas épicos.
Dos son las teorías que proponen una explicación al origen de los poemas épicos medievales:
Individualista: defendida por el francés Bédier y que sostiene que los grandes poemas épicos, como el Roland o el Mio Cid son obra de autores individuales; los poemas habrían sido escritos varios siglos después de los sucesos en ellos narrados, siendo obra de poetas cultos, de carácter clerical que tomaron los datos necesarios para sus obras de fuentes escritas, conservadas en alguna abadía o monasterio.
Tradicionalista: las doctrinas básicas de los neotradicionalistas postulan acerca de la épica hispánica un desarrollo continuo desde la época visigótica, en el que por esencia, no accidentalmente tan sólo, se da el anonimato; la épica se originó simultáneamente a los sucesos que narra y sufrió sucesivas reelaboraciones (la épica “vive en variantes y refundiciones”); al tiempo de su composición -dicen- se mantuvo fiel a los eventos históricos, si bien las refundiciones posteriores abrieron la puerta a gran número de elementos de ficción; defienden, por último, que los poemas épicos fueron compuestos por juglares, sin influjo eclesiástico alguno, o que, en otros términos, se trata de obras de autor e inspiración populares y laicos por completo.

3.- Los juglares
Un elemento fundamental para entender la poesía épica medieval es el juglar. Éste ejercía muy diversas actividades, y el difundir las creaciones épicas es posible que no fuera de las más importantes, aunque a nosotros nos interesa ahora especialmente: con su carga de relatos y de noticias, que representaban el lado informativo de su actividad, vino a constituir al mismo tiempo, durante siglos, una de las contadas diversiones con que el pueblo podía solazarse. En conjunto puede decirse que el juglar era a la vez la información y el espectáculo. Porque juglares los había de muchas especies, según fuera su habilidad y su público, y poseían recursos muy diversos: hacían pantomimas, bailes, acrobacias y juegos de manos, se acompañaban de animales amaestrados, tocaban diversos instrumentos y llevaban frecuentemente consigo mujeres para el baile o el canto, que hacían más deleitosas sus actuaciones. Éstas lo mismo tenían lugar ante míseras gentes aldeanas que en las cortes de reyes y de nobles, en fiestas, bodas y bautizos, conmemoraciones y solemnidades” [Alborg, I, 38].
Los juglares influyen de manera fundamental, al parecer, en los textos épicos conservados puesto que “según los gustos del auditorio, añade, suprime y modifica versos o pasajes completos”, llegando a aportar variaciones de su propia cosecha para alargar o detallar algún pasaje especialmente popular. Si tenemos en cuenta que los poemas conservados parecen resultado de un dictado se explican algunas variaciones en la medida de los versos, aunque autores como Deyermond sostienen que los textos conservados se corresponden, sustancialmente, con los compuestos por los poetas. Si se aplica la teoría tradicionalista, es evidente que esta afirmación carecería de sentido.
4.- Poemas épicos según el tema.
De acuerdo con los temas abordados por los cantares de gesta podemos proponer una clasificación de estas obras en dos grandes grupos:
I. Épica carolingia:
-Roncesvalles: trata el tema de la Chanson de Roland y la derrota de la retaguardia de Carlomagno a manos de los árabes.
-Mainete: narración romántica de la juventud de Carlomagno.
-Bernardo del Carpio: cuenta la rebelión de un noble leonés contra su rey, que prestó colaboración a Carlomagno.

II. Poemas en torno a los primeros condes autónomos de Castilla:
-Poema de Fernán González: (hacia 1250, cuaderna vía); narra la vida de Fernán González (915-970), héroe que lucha contra moros, navarros y leoneses.
-Cantar de Fernán González: (perdido).
-Los siete infantes de Lara.
-La condesa traidora.
-Romanz del Infant García.
-El abad don Juan de Montemayor.
-Cantar de Mio Cid.
Sin embargo las obras arriba citadas, apenas conservamos parte de la producción épica castellana. De la mayor parte de ellas tenemos noticias a través de los textos históricos escritos desde 1236 hasta mediados del siglo XIV, entre los que destaca la Primera Crónica General, de Alfonso X o la Crónica de Castilla. Estas obras utilizaron los poemas como fuentes históricas, copiándolos y permitiendo que así tengamos noticias de ellos. De este modo sabemos de la existencia de poemas como el Cantar de los Siete Infantes de Lara, del que se han reconstruido unos 550 versos, o La condesa traidora o Mainete. Conservamos un fragmento del Cantar de Roncesvalles (cien versos), el Poema de Fernán González, las Mocedades de Rodrigo y el más conocido Poema de Mio Cid.

5.- El Poema de Mio Cid.
El Poema ha llegado hasta nosotros en copia única, hecha en 1307 por un tal Per Abbat, pero debió ser compuesto hacia 1140. Consta de 3730 versos, y al códice que lo contiene le falta la hoja del principio y dos en el interior. Menéndez Pidal ha reconstruido el texto de estas lagunas tomándolo de la prosificación del Cantar hecha en la Crónica de Veinte Reyes, versión casi idéntica a la copiada por Per Abbat.
Según Menéndez Pidal el Poema puede dividirse en tres partes que él ha denominado Cantar del destierro; de las bodas de las hijas del Cid; y de la afrenta de Corpes.
En el poema pueden apreciarse tres niveles estructurales que, entrelazados, producen un falseamiento de la Historia y una mitificación de Rodrigo y Castilla:
-Político: Castilla frente a León, lo germano frente a lo romano.
-Socioeconómico: el enfrentamiento de varios grupos sociales con la oligarquía aristocrática cortesana. El Cid pertenece a la clase de los infanzones, pequeños nobles todavía ligados personalmente a la economía agraria. En el poema se insiste en el hecho de que lo que hace Rodrigo es ganarse el pan, señalando así la diferencia entre la aristocracia, por un lado, y los infanzones, la burguesía y las masas populares, por otro.
-Individual, del héroe: el Cid, desterrado ha de recuperar su honra [el Poema comenzaría con el Cid yendo a cobrar las parias a los moros andaluces, su enfrentamiento con el noble García Ordóñez, castellano, y la venganza de éste que acusa al Cid de haberse quedado con parte de los tributos, provocando el destierro del Cid].
El tema principal del poema está centrado en el honor del Cid y la estructura de la obra se define en la alternativa de la pérdida y la restauración del mismo. Su prestigio público o político se ve destruido por el encono del rey y el destierro, y se restaura por la conquista de Valencia y el perdón del monarca. El Cid está en una cumbre más excelsa ahora que antes del exilio, pero esto conduce a la pérdida del honor, desde el punto de vista familiar o sexual, mediante el ultraje de que son objeto sus hijas. Esto, a su vez, lo impulsa a la venganza que pone su honor en punto tan alto como nunca antes había alcanzado. La ironía juega un papel fundamental en el texto ya que en dos partes fundamentales, “puntos de inflexión del hilo argumental”, las decisiones de los enemigos del Cid en contra de éste provocan su éxito más rotundo: el destierro lo convierte en señor de Valencia; el deshonor de los infantes acaba emparentando al Cid con los reyes de España.


jueves, 26 de enero de 2017

Comentario del "Romance del prisionero".

“Que/ por/ ma/yo - e/ra/ por/ ma/yo, [8] -
cuan/do/ ha/ce/ la/ ca/lor/, [7+1] a
cuan/do/ los/ tri/gos/ en/ca/ñan [8] -
y - es/tán/ los/ cam/pos/ en/ flor, [7+1] a
5 cuan/do/ can/ta/ la/ ca/lan/dria [8] -
y/ res/pon/de - el/ rui/se/ñor, [7+1] a
cuan/do/ los/ e/na/mo/ra/dos [8] -
van/ a/ ser/vir/ al/ a/mor, [7+1] a
si/no/ yo/, tris/te/, cui/ta/do, [8] -
10 que/ vi/vo - en/ es/ta/ pri/sión, [7+1] a
que/ ni/ sé/ cuán/do - es/ de/ dí/a [8] -
ni/ cuán/do/ las/ no/ches/ son, [7+1] a
si/no/ por/ u/na - a/ve/ci/lla [8] -
que/ me/ can/ta/ba - al/ al/bor. [7+1] a
15 Ma/tó/me/la - un/ ba/lles/te/ro [8] -
dé/le/ Dios/ mal/ ga/lar/dón. [7+1] a

1.- Breve relación sobre el autor y su época.
Es éste un romance viejo, por tanto de autor desconocido. Como escribió Menéndez Pidal “El autor se llama Ninguno o Legión”. Ha de localizarse en el final de la Edad Media su creación, antes de acabar el siglo XV, aunque, de acuerdo con su carácter popular, no deja de ser una afirmación discutible.
Estaríamos en los últimos momentos de un sistema feudal que se derrumba y de ahí que personajes como el prisionero de nuestro romance estén solos y aislados, ajenos a cualquier estructura jerárquica.

2.- Plano de la expresión.
2.1. Nivel fónico: el poema está compuesto por 16 versos octosílabos, rimando los pares en asonante (en -o-) y quedando sueltos los impares, es decir, responde a la estructura canónica del romance.
Respecto a las figuras propias de este nivel de análisis puede defenderse la existencia de aliteración en los versos 5 y 6: “cuando canta la calandria” (aliteración de /k/) ; “y responde el ruiseñor” (aliteración de /r/). Sería posible pensar aquí en la existencia de esta figura retórica como forma de dar carácter musical a estos dos versos donde se refiere el autor al canto de dos aves.
2.2. Nivel morfosintáctico: el análisis sintáctico de este texto nos revela su perfecta armonía y la disposición simétrica de los elementos con los que ha sido construido el poema. Arranca éste con una violenta elipsis, Que (verso 1), que nos introduce en la historia violentamente. Esta elipsis nos enfrenta con una frase nominal conectada a una segunda frase nominal por sino (verso 9), de modo que los catorce primeros versos están construidos en torno a dos núcleos: uno falsamente nominal, que era, y uno claramente nominal, yo. El primero nos remite al desarrollo del ambiente en el que se desarrolla la historia, el paisaje. El segundo se concentra en la primera persona, que se hace protagonista del poema. Finalmente, los dos últimos versos los ocupan dos frases verbales de estructura idéntica: la primera tiene como núcleo a “mató” (pretérito indefinido: acción acabada y real -el indicativo es el modo de la realidad-), y es su sujeto “un ballestero”; el CI es otra vez la primera persona, que reaparece aquí; el CD lo constituye el referente a otro de los protagonistas del poema, “una avecilla”. La segunda tiene como núcleo “dé” (presente de subjuntivo, modo de la irrealidad) y su sujeto es “Dios”; el sujeto de la anterior pasa aquí a ser CI, sustituyendo a la primera persona; el CD es “mal galardón”.
Una figura retórica que no es posible ignorar aquí es la anáfora (repetición de cuando), que es utilizada para marcar el ritmo del poema. También anafóricos debemos considerar los que con los que comienzan los versos 1, 10, 11 y 14.
También podría entenderse como quiasmo la estructura de los versos 11 y 12, que acentúan de ese modo su encontrado significado.
En lo que se refiere a las clases formales y su importancia en el texto, los sustantivos y verbos dominan ampliamente a las demás: encontramos 18 sustantivos y 14 verbos, frente a 6 adjetivos, 6 pronombres y 1 infinitivo. Esto quiere decir dos cosas: primera, los sustantivos pretenden una referencia universal y total, no se matizan mediante adjetivos, no se concretan, sino que se usan en su valor más absoluto y sustantivo; la utilización de tantos verbos pretenden una historia en la que se suceden los hechos, no una historia estática sino dinámica. Si analizamos ahora los pronombres, veremos que cuatro son de primera persona, es decir, son “el prisionero”, y los otros dos aluden a los otros dos elementos fundamentales de la historia, “la avecilla” y “el ballestero”. De los seis adjetivos, hay tres calificativos, dos empleados para retratar al “prisionero” (“triste” y “cuitado”) y uno para construir una paradoja “Mal galardón”, refiriéndose al ballestero. Los tres adjetivos no calificativos se usan de modo distinto: en “esta prisión”, “esta” se utiliza para aproximarnos a la celda del protagonista, casi para meternos en ella y ponernos al lado del “prisionero”. Los otros dos, “una” y “un”, evitan individualizar a la avecilla y al ballestero, continuando con el afán de referencias totales. No estaría de más notar aquí que, quizá, este escaso uso de los adjetivos y la particular utilización de los existentes, se deba a la pretensión del autor de ponernos en el lugar del “prisionero” que al no ver nada, a nada puede individualizar con calificativos (sólo ese cariñoso diminutivo para referirse al ave).
2.3. Nivel léxico-semántico: si algún campo semántico puede proponerse aquí es el de “la Primavera”, pero más que como estación, como símbolo de la vida. Así, 13 de los sustantivos usados en el poema aluden a ella: “mayo, la calor, los trigos, los campos + flor, la calandria, el ruiseñor, los enamorados, el amor, día, avecilla, albor, Dios”; frente a ellos se sitúan aquellos que aluden a la realidad del protagonista, términos negativos: “prisión, las noches, ballestero, mal + galardón, triste, cuitado”. Como puede verse, predomina lo positivo en el poema, de ahí que sea más violento el contraste con la situación del protagonista y, especialmente, los dos versos con los que acaba el poema.
Respecto a las figuras retóricas presentes en el poema, éstas son escasas, como no podía ser de otro modo. No olvidemos que estamos ante una muestra de literatura popular, una de cuyas características es la economía de medios, la sencillez de sus formas y, en consecuencia, la gran intensidad y pureza de sus resultados. A pesar de esto, podemos hablar de paradoja en el verso 16: “Mal galardón”, puesto que “galardón” es “premio o recompensa de los méritos o servicios”, por lo que no puede ser malo, como paradójicamente se plantea en el texto. Esta paradoja es usada, tal vez, para hacer más intensa la amargura del prisionero.
Como personificación o prosopopeya puede entenderse el “servir al amor”, del verso 8, donde parece atribuirse caracteres de persona al amor, acaso con el fin de hacerlo más próximo al receptor, o quizás, por mera costumbre: “servir al amor” parece una frase hecha.

3.- Plano del contenido.
3.1. Sustancia del contenido: en el poema se nos relata la terrible vida de un prisionero absolutamente aislado del mundo. Sólo tiene recuerdos y con ellos reconstruye el mundo exterior. El tema del poema podría ser la soledad (forzosa ya que se habla de un prisionero), una soledad de la que le consuela un ave, que se beneficia en el poema de un expreso sentimiento de cariño personal con el diminutivo, “avecilla”. Ésta podría simbolizar la vida del prisionero, su esperanza, su primavera, esto es, su ilusión la encarna una frágil ave, y ésta es anulada por el otro hombre que aparece relativamente individualizado en el poema, “un ballestero”. El dolor amargo del prisionero se concentra en el último verso que parece expresar un deseo imposible y desencantado “Déle Dios mal galardón”, acentuado por esa paradoja ya referida.
3.2.- Forma del contenido: lo que acabamos de escribir se concreta en la división del poema en tres partes:
1ª: el autor nos describe la alegría de la primavera, la vida tal y como la recuerda ya que no la puede ver, de ahí la ausencia de adjetivos (versos 1-8).
2ª: el poeta nos informa de su estado, iniciándolo con la tímida paradoja “vivo en esta prisión”, y aquí sí aparecen adjetivos que describen una realidad que está viendo (“triste” y “cuitado”); también aparece aquí la esperanza simbolizada en la avecilla que le mantiene en contacto con sus recuerdos, esto es, con el mundo exterior recordado, donde a la noche le sucede el día: para él siempre es noche (versos 9-14).
3ª: el desenlace en el que se concentra toda el amargo dolor del texto, con la muerte de la avecilla o, lo que es lo mismo, de la esperanza (versos 15-16).

4.- Conclusiones.
Este es un texto ejemplar respecto a los romances tradicionales o viejos. Con una gran economía de medios nos transmite una historia conmovedora y terrible. Palabras sencillas y una estructura sintáctica escrupulosamente simétrica, el uso moderado de figuras retóricas, permiten al poema ser admitido y comprendido por cualquier hispanohablante, que puede disfrutar con la historia del prisionero, sin transcenderla o haciendo un análisis más profundo, entender la amarga realidad que en él se halla.




SUSTANTIVO

ADJETIVO

VERBO

PRONOMBRE

INFINITIVO

mayo (2)
la calor
los trigos
los campos
flor
la calandria
el ruiseñor
los enamorados
el amor
prisión
día
las noches
avecilla
el albor
ballestero
Dios
galardón

triste
cuitado
esta
una
un
mal

era
hace
encañan
están
canta
responde
van
vivo
sé
es
son
santaba
mató
dé

yo
me (2)
la
le

servir