martes, 18 de abril de 2017

Poesía española: textos (XIII-XVI).

Siglo XIII




GONZALO DE BERCEO [1195-hacia 1268]


[Fragmento]
Señores y amigos, lo que dicho habemos
palabra es oscura, exponerla queremos;
dejemos la corteza, al meollo entremos,
cojamos lo de dentro, lo de fuera dejemos.

Todos cuantos vivimos que con los pies andamos,
siquiera en prisión, o en lecho yazgamos,
todos somos romeros que camino andamos:
San Pedro dice esto, por él os lo probamos.

Cuanto aquí vivimos, en ajeno moramos;
la estadía durable arriba la esperamos
la nuestra romería entonces la acabamos
cuando al paraíso las almas enviamos.





Siglo XIV


SEM TOB DE CARRIÓN [1290-1369]


No hay sin tacha cosa,
ni cosa sin zozobra,
ni sin fea hermosura,
ni sin luz no hay sombra.

Porque no hay pobre hombre
sino el codicioso;
ni rico sino hombre
con lo que tiene gozoso.

Por ende tal amigo
no hay como el libro;
para los sabios, digo,
que con los torpes no libro.

El hombre torpe es
la peor alimaña
que en el mundo es:
no lo digo con saña.

No puede hombre haber
en el mundo amigo,
como el buen saber;
ni peor enemigo.

Si fuese el hablar
de plata figurado,
debe ser el callar
de oro afinado.

Porque todo hombre vea
que en el mundo cosa
no hay del todo fea
ni del todo hermosa.



Siglo XV


JORGE MANRIQUE [1440-1479]

[Fragmento]
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

[...]
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar;
partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.




Siglo XVI


GUTIERRE DE CETINA [1519-1554]


Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.




GARCILASO DE LA VEGA [1501-1536]


Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribisteis; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.


[Estrofa]
Después que nos dejaste, nunca pace
en hartura el ganado ya, ni acude
el campo al labrador con mano llena;
no hay bien que en mal no se convierta y mude.
La mala hierba al trigo ahoga, y nace
en lugar suyo la infeliz avena;
la tierra, que de buena
gana nos producía
flores con que solía
quitar en sólo verlas mil enojos,
produce ahora en cambio estos abrojos,
ya de rigor de espinas intratable.
Yo hago con mis ojos
crecer, lloviendo, el fruto miserable.



CRISTÓBAL DE CASTILLEJO [1490-1550]


Si en mirar con atención
mis ojos os ofendieron,
ved la razón que tuvieron,
y el mal que a mi corazón
principalmente hicieron.
Y aunque yo de pesar muera,
por ser causa de enojaros
esto quiero confesaros:
que por más daño tuviera
si dejara de miraros.




SAN JUAN DE LA CRUZ [1542-1591]


¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya si quieres,
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio süave!,
¡oh regalada llaga!,
¡oh mano blanda!, ¡oh toque delicado
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámpara de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras;
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!




FRAY LUIS DE LEÓN [1527-1591]


Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso
con solo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.



Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo,
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado,

el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente;
la lengua dice al fin con voz doliente:

“Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura:
mi alma que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, oscura?

¿Qué mortal desatino
de la verdad aleja así el sentido,
que de tu bien divino
olvidado, perdido,
sigue la vana sombra, el bien fingido?

El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando;
y con paso callado
el cielo, vueltas dando,
las horas del vivir le va hurtando.

¡Ay!, ¡despertad, mortales!
Mirad con atención en vuestro daño.
Las almas inmortales,
hechas a bien tamaño,
¿podrán vivir de sombra y sólo engaño?

¡Ay!, levantad los ojos
a aquesta celestial eterna esfera:
burlaréis los antojos
de aquesa lisonjera
vida, con cuanto teme y cuanto espera.

¿Es más que un breve punto
el bajo y torpe suelo, comparado
a aqueste gran trasunto,
do vive mejorado
lo que es, lo que será, lo que ha pasado?

Quien mira el gran concierto
de aquestos resplandores eternales,
su movimiento cierto,
sus pasos desiguales
y en proporción concorde tan iguales:

la luna cómo mueve
la plateada rueda, y va en pos de ella
la luz do el saber llueve,
y la graciosa estrella
de Amor la sigue reluciente y bella;

y cómo otro camino
prosigue el sanguinoso Marte airado,
y el Júpiter benigno,
de bienes mil cercado,
serena el cielo con su rayo amado;

rodéase en la cumbre
Saturno, padre de los siglos de oro;
tras de él la muchedumbre
del reluciente coro
su luz va repartiendo y su tesoro:

¿quién es el que esto mira
y precia la bajeza de la tierra,
y no gime y suspirando
por romper lo que encierra
el alma y de estos bienes la destierra?

Aquí vive el contento,
aquí reina la paz; aquí, asentado
en rico y alto asiento,
está el Amor sagrado,
de glorias y deleites rodeado.

Inmensa hermosura
aquí se muestra toda, y resplandece
clarísima luz pura,
que jamás anochece;
eterna primavera aquí florece.

¡Oh, campos verdaderos!
¡Oh, prados con verdad dulces y amenos!
¡Riquísimos minero!
¡Oh, deleitosos senos!
¡Repuestos valles, de mil bienes llenos!




MIGUEL DE CERVANTES [1547-1616]


“Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla;
porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?

Por Jesucristo vivo, cada pieza
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!
Roma triunfante en ánimo y nobleza.

Apostaré que el ánima del muerto
por gozar este sitio hoy ha dejado
la gloria donde vive eternamente.”

Esto oyó un valentón, y dijo: “Es cierto
cuanto dice voacé, señor soldado.
Y el que dijere lo contrario, miente.”

Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,

miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.

Poesía española: textos (XVII-XIX).

Siglo XVII




FRANCISCO DE QUEVEDO [1580-1645]


Vivir es caminar breve jornada,
y muerte viva es, Lico, nuestra vida,
ayer al frágil cuerpo amanecida,
cada instante en el cuerpo sepultada:

nada, que, siendo, es poco, y será nada
en poco tiempo, que ambiciosa olvida,
pues, de la vanidad mal persuadida,
anhela duración, tierra animada.

Llevada de engañoso pensamiento
y de esperanza burladora y ciega,
tropezará en el mismo monumento,

como el que, divertido, el mar navega,
y, sin moverse, vuela con el viento,
y antes que piense en acercarse, llega.



Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh gran don Iosef!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.






LOPE DE VEGA [1562-1635]


Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me ha visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.



Blanca me era yo
cuando entré en la siega;
dióme el sol y ya soy morena.
Blanca solía yo ser
antes que a segar viniese
mas no quiso el sol que fuese
blanco el fuego en mi poder.
Mi edad al amanecer
era lustrosa azucena;
dióme el sol y ya soy morena.



LUIS DE GÓNGORA [1561-1627]


La más bella niña
de nuestro lugar,
hoy viuda y sola,
y ayer por casar,
viendo que sus ojos
a la guerra van,
a su madre dice,
que escucha su mal:
Dejadme llorar
orillas del mar.

Pues me diste, madre,
en tan tierna edad
tan corto el placer,
tan largo el pesar,
y me cautivaste
de quien hoy se va
y lleva las llaves
de mi libertad:
dejadme llorar
orillas del mar.

En llorar conviertan
mis ojos, de hoy más,
el sabroso oficio
del dulce mirar,
pues que no se pueden
mejor ocupar,
yéndose a la guerra
quien era mi paz:
dejadme llorar
orillas del mar.

No me pongáis freno
ni queráis culpar;
que lo uno es justo,
lo otro por demás.
Si me queréis bien,
no me hagáis mal;
harto peor fuera
morir y callar:
dejadme llorar
orillas del mar.

Dulce madre mía,
¿quién no llorará,
aunque tenga el pecho
como un pedernal,
y no dará voces
viendo marchitar
los más verdes años
de mi mocedad?
Dejadme llorar
orillas del mar.

Váyanse las noches,
pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse y no vean
tanta soledad
después que en mi lecho
sobra la mitad.
Dejadme llorar
orillas del mar.


[Estrofa]
“¡Oh bella Galatea, más süave
que los claveles que tronchó la aurora;
blanca más que las plumas de aquel ave
que dulce muere y en las aguas mora;
igual en pompa al pájaro que, grave,
su manto azul de tantos ojos dora
cuantas el celestial zafiro estrellas!
¡Oh tú, que en dos incluyes las más bellas!...


Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,

que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.



LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA [1559-1613]

Tras importunas lluvias amanece,
coronando los montes, el sol claro;
salta del lecho el labrador avaro,
que las horas ociosas aborrece.

La torva frente al duro yugo ofrece
el animal que a Europa fue tan caro;
sale, de su familia firme amparo,
y los surcos solícito enriquece.

Vuelve de noche a su mujer honesta,
que lumbre, mesa y lecho le apercibe,
y el enjambre de hijuelos le rodea.

Fáciles cosas cena con gran fiesta,
el sueño sin envidia le recibe:
¡o Corte, o confusión!, ¿quién te desea?
Siglo XIX



GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER [1836-1870]

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.



No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta enmudeció la lira;
podrá no haber poetas, pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a do camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!




RAMÓN CAMPOAMOR [1817-1901]


Al pintarte el amor que por ti siento,
suelo mentir, pero no sé que miento.

Se matan los humanos
en implacable guerra,
por la gloria de ser, en mar y en tierra,
devorados por peces y gusanos.

Teme más, el que es bueno,
a su propio desprecio que al ajeno.



JOSÉ MARTÍ [1853-1895]


Yo soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,
y hacia todas partes voy:
arte soy entre las artes,
en los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños
de las yerbas y las flores,
y de mortales engaños,
y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura
llover sobre mi cabeza
los rayos de lumbre pura
de la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros
de las mujeres hermosas;
y salir de los escombros
volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre
con el puñal al costado,
sin decir jamás el nombre
de aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,
dos veces vi el alma, dos:
cuando murió el pobre viejo,
cuando ella me dijo adiós.

Temblé una vez, en la reja,
a la entrada de la viña,
cuando la bárbara abeja
picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte
que gocé cual nunca: cuando
la sentencia de mi muerte
leyó el alcaide llorando.

Oigo un suspiro, a través
de las tierras y la mar,
y no es un suspiro, es
que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero
tome la joya mejor,
tomo a un amigo sincero
y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida
volar al azul sereno,
y morir en su guarida
la víbora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo
cede, lívido, al descanso,
sobre el silencio profundo
murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada,
de horror y júbilo yerta,
sobre la estrella apagada
que cayó frente a mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo
la pena que me lo hiere:
el hijo de un pueblo esclavo
vive por él, calla, y muere.

Todo es hermoso y constante,
todo es música y razón,
y todo, como el diamante,
antes que luz es carbón.

Yo sé que el necio se entierra
con gran lujo y con gran llanto,
y que no hay fruta en la tierra
como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito
la pompa del rimador:
cuelgo de un árbol marchito

mi muceta de doctor.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Los problemas de la ortografía.

Debemos considerar aquí los conceptos de fonema, sonido y letra. Los fonemas son realidades intelectuales que existen en la mente del hablante. Cuando este usa un fonema lo que hace es emitir un sonido. En español, por ejemplo, existe un fonema /b/ que puede pronunciarse [b] o [v], pero que no distingue significados, es decir, lo mismo da emitir los sonidos [bíno] que [víno]: un hispanohablante no entenderá como significativa la diferencia. Sin embargo, en francés existen los fonemas /b/ y /v/, que distinguen significados como, por ejemplo “beau” (bello) y “veau” (ternero).
En español existen 24 fonemas. El desajuste que existe entre fonemas y letras explica la mayor parte de las faltas de ortografía. Estas son las correspondencias:

Fonema
Letras
Ejemplos
/a/
a
asar
/b/
b, v, w
bajo, viento, wolframio
/k/
k, qu+e,i, c+a,o,u
kilo, queso, cara
/ch/
ch
chacal
/d/
d
dolor
/e/
e
esencia
/f/
f
filosofía
/g/
g+a,o,u gu+e,i
gato, guiño


h
hora
/i/
i, y (vocal)
vida, rey
/x/
j, g+e,i
justo, genio
/l/
l
lado, al
/ll/
ll
valla, llave
/m/
m-
música
/n/
n, -m
nota, hambre
/ñ/
ñ
ñoñez
/o/
o
lodo
/p/
p
pozo
/r/
-r, -r-
árbol, arado
/rr/
-rr-, nr, lr, r-
arroz, honra, alrededor, razón
/s/
s
sal
/t/
t
torpe
/u/
u
búho
/ks/, /gs/
x
examen
/y/
y
yema
/0/
z, c+e,i
zona, cecina


Otro problema ortográfico es el uso de los acentos gráficos (tildes). Aquí sí podemos hablar de unas reglas sencillas que nos permitirán minimizar nuestros errores. En español existen tres grandes grupos de palabras: agudas (que llevan el acento en la última sílaba); llanas (acentuadas en la penúltima sílaba); y esdrújulas (el acento recae sobre la antepenúltima sílaba).
Las palabras agudas deben llevar acento gráfico cuando acaban en vocal o las consonantes “n” o “s”. Por ejemplo, “llegó”, “allá”, “región” o “además”. Sin embargo, hay que recordar que los monosílabos no llevan tilde, salvo que esta distinga categorías gramaticales, como “té” (sustantivo) y “te” (pronombre); “dé” (verbo) y “de” (preposición). Por tanto, las formas “dio”, “fe”, “vio”, etc. no deben acentuarse gráficamente.
Las palabras llanas llevarán tilde cuando acaben en consonante, siempre que esta no sea “n” o “s”. Por ejemplo, “difícil” o “azúcar” o “lápiz”. Pero cuando una palabra acaba en dos vocales que podrían constituir un diptongo, podemos encontrarnos con una tilde si este diptongo pasa a convertirse en un hiato. Por ejemplo, “día” o “búho”, palabras llanas, acabadas en vocal, que exigen el acento gráfico.

Mucho más sencillo es el el caso de las palabras esdrújulas: se acentúan todas.

viernes, 24 de marzo de 2017

Gutierre de Cetina.

El poeta, al parecer, nació en Sevilla, en 1520. Perteneció a una familia noble y acaudalada y, como muchos de sus iguales, siguió la carrera militar. Gracias a esta, estuvo en Italia y Alemania. Posteriormente, regresó a Sevilla y, después de un tiempo, viajó a América, ya que tenía un hermano en Méjico. Pudo morir en 1554, en un duelo relacionado con asuntos de amores, pero no hay seguridad alguna al respecto.
No parece un escritor prolífico (aunque estas afirmaciones siempre son sospechosas). Compuso madrigales (especialmente famoso es el primero), canciones, sonetos y epístolas. Adoptó el nombre poético de Vandalio, asignando a su amada el de Dórida.
Por lo que se refiere a su estilo, destacan su naturalidad, suavidad, humor e ironía. Se tiene la sensación ante sus versos de estar ante un poeta fácil, pero su obra es muy desigual. Es capaz de escribir versos exactos, precisos, y, al tiempo, otros rígidos, forzados quizás por haber agotado su inspiración en los anteriores.
De él escribió Fernando de Herrera: “En Cetina, cuanto a los sonetos particularmente, se conocen la hermosura y gracia de Italia; y en número, lengua, terneza y afectos ninguno le negará lugar con los primeros; mas fáltale el espíritu y vigor, que tan importante es en la poesía; y así, dice muchas cosas dulcemente, pero sin fuerzas”.
Sin embargo, más que falta de entusiasmo quizás habría que notar en Cetina una cierta distancia irónica que le impide simular el arrebato, el convencional desmayo de los versos de algunos contemporáneos suyos. Ilustran muy bien esta realidad estos textos:

Madrigal I
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Soneto
Si es verdad, como está determinado,
como en casos de Amor es ley usada,
transformarse el amante en el amada,
que por el mismo Amor fue así ordenado,
yo no soy yo, que en vos me he transformado;
y el alma puesta en vos, de sí ajenada,
mientras de vuestro ser sólo se agrada,
dejando de ser yo, vos se ha tornado.
Mi seso, mis sentidos y mis ojos
siempre vos los movéis y los movisteis
desde el alma do estáis hecha señora.
Si cosa he dicho yo que os diese enojos,
mi lengua sólo fue pronunciadora,

mas vos que la movéis, vos lo dijisteis.

Ascética y mística.

En el prólogo de su “Cántico espiritual”, escribe San Juan de la Cruz: “ARGUMENTO: El orden que llevan estas canciones es desde que un alma comienza a servir a Dios hasta que llega al último estado de perfección, que es matrimonio espiritual; y así, en ellas se tocan los tres estados o vías del ejercicio espiritual por las cuales pasa el alma hasta llegar al dicho estado, que son, purgativa, iluminativa y unitiva, y se declaran acerca de cada una algunas propiedades y efectos de ellas.
“El principio de ellas trata de los principiantes, que es la vía purgativa. Las de más adelante tratan de los aprovechados, donde se hace el desposorio espiritual, y esta es la vía iluminativa. Después de estas, las que se siguen tratan de la vía unitiva, que es la de los perfectos, donde se hace el matrimonio espiritual” B.A.E., Tomo 27, Madrid, 1948, p. 145.
De un modo similar se manifiesta en su Subida al Monte Carmelo, texto que pretende explicar su famoso poema “Noche oscura”. También aquí se teoriza sobre las tres vías que conducen al alma hacia la unión con Dios. San Juan es un místico cristiano, pero la mística es una realidad presente en otras formas de religión o filosofías (como el neoplatonismo). Ferrater Mora, en su Diccionario, propone la siguiente definición: “actividad espiritual que aspira a llevar a cabo la unión del alma con la divinidad por diversos medios (ascetismo, devoción, amor, contemplación)”.
En la segunda mitad del siglo XVI aparecen numerosos autores de textos que pueden entenderse como místicos. En ellos estos escritores proponen sus experiencias “inefables”, en las que se verbalizan las tres etapas que recorre el alma en su camino hacia la contemplación, la recepción, la unión con Dios. Podría decirse que estamos ante un itinerarium mentis ad Deum. En cualquier caso se trata de una realidad que va más allá de lo racional, instintiva, que se siente de modo absoluto, pero no se puede explicar.
En la primera fase, “vía purgativa”, podríamos decir que el alma se desprende de todo lo material, lo físico, bien mediante la práctica de las virtudes, bien mediante el extrañamiento de todo aquello que impida que el alma se ocupe de cualquier asunto que no sea espiritual. Aquí tendría cabida lo racional, pues la voluntad puede pretender esta purificación y poner los medios para alcanzarla. De este modo, otra vez Ferrater Mora, escribe: “El ascetismo puede así definirse como una práctica de lo espiritual, como una serie de ejercicios espirituales destinados a adquirir un cierto “hábito” que puede colocar al hombre en el camino de la santidad”. De ascético puede ser calificado Fray Luis de León. Hay en él un deseo de desprendimiento, de anulación de las miserias materiales, de elevación a la esencia espiritual, aunque no parece que pueda hablarse de arrebatos místicos en alguien de tanto carácter, tan racional, que pretende comprender y explicar. No así San Juan, que siente, “por eso quien la sabía/ queda siempre no sabiendo,/ toda ciencia transcendiendo”.
En la segunda fase, “vía iluminativa”, el alma es iluminada por Dios, es decir, no depende de la voluntad del hombre, sino que hemos llegado a un estadio donde el alma se abandona a la contemplación de la gracia divina.
Y, finalmente, la “vía unitiva”, donde el alma (esposa) se une a Dios (esposo), experiencia personal, inefable, transcendente, imposible de ser transmitida a otros. Ejemplo acabado de esta fase es el poema “Llama de amor viva”, de San Juan:
¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya si quieres,
rompe la tela de este dulce encuentro.
¡Oh cauterio süave!,
¡oh regalada llaga!,
¡oh mano blanda!, ¡oh toque delicado
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.
¡Oh lámpara de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras;
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,

cuán delicadamente me enamoras!

jueves, 23 de marzo de 2017

Otros elementos subordinantes.

A diferencia de las preposiciones y conjunciones, aquí nos vamos a referir también a elementos que no solo subordinan un SV a un núcleo (verbal, nominal, adjetivo o adverbial), sino que, en tanto que sintagmas ellos mismos, realizan una función sintáctica.

Los relativos.-
El más usado es sin duda el pronombre que (que2), como en “El periodista que tú conoces es muy ingenuo”; pero también encontraremos adverbios relativos como donde y como: “Esa es la casa donde nací” o “El modo como trata estos asuntos no me parece correcto”; el cual (y sus variantes de género y número) que en ocasiones equivale al que relativo: “Estuvo esperando a Pedro, el cual [que] llegó tarde”; en otros casos parece equivaler a quien, como en “Saludé a tu primo, al cual [a quien (referido a personas), al que (referido a objetos)] vi cansado”; el pronombre quien/es (equivalente siempre a “artículo + que”) (nunca se construye con artículo): “Esta es la chica de quien tanto hablaba tu hermano”; cuyo/a/s, adjetivo relativo como en “La finca cuya propiedad se discute es enorme”.

Elementos que introducen subordinadas sustantivas.-
Los elementos utilizados para introducir este tipo de subordinadas son los siguientes: 1) la conjunción subordinante que (que1): “Le disgustó que le llamaran tan temprano”; 2) el pronombre relativo quien: “Quien afirma eso miente como un bellaco”; 3) el llamado si no condicional: “Le pregunté si sabía lo de su vecina”; 4) los interrogativo-exclamativos como quién, cómo, cuándo, qué, cuánto, dónde: “Le preguntó quién era”, “No sabe cómo llegó allí”, “Ignoraba cuándo debía hablar”; y 5) el llamado estilo directo, es decir, cuando en el texto se reproduce lo expresado por un hablante, como en “El médico dijo: Su salvación sería un milagro”.

Elementos que introducen subordinadas adverbiales.-
Hablaremos de “subordinadas adverbiales de lugar”, sustituibles por un adverbio de lugar como “allí”. Pueden ir precedidas o no de preposición y suelen utilizar como transpositor el adverbio donde: “Fuimos donde nos dijiste” (“allí”); “Fuimos por donde nos dijiste” (“por allí”). “De tiempo”, sustituibles por un adverbio de tiempo como “entonces”. En general, recurren al adverbio cuando como transpositor: “Cuando vengan celebraremos la fiesta” (“entonces”). “De modo”, sustituibles por el adverbio “así”. Los transpositores usados son, sobre todo, el adverbio como y según y conforme: “Trabaja como puede”; “Vive según le enseñaron”; “Actuó conforme dictan las normas” (“así”).
Subordinadas causales: como su nombre expresa, significan causa y funcionan, en general, como CC. Las conjunciones y locuciones conjuntivas que introducen este tipo de subordinadas son porque, ya que, puesto que, a causa de que, dado que, etc. Así, “Llegó tarde porque se entretuvo en la biblioteca”.
Subordinadas finales: expresan la intención o el propósito de algo. Utilizan como elemento subordinante las locuciones conjuntivas para que, a fin de que, al objeto de que, etc. Por ejemplo, “Tenía que trabajar para que le dejasen leer”.
Subordinadas condicionales: en el caso de este tipo de subordinadas, se entiende que estamos ante dos unidades diferenciadas, la llamada prótasis, que coincide con la oración subordinada y expresa una situación hipotética, y la apódosis, que es la denominada oración principal y expresa un hecho cierto en el caso de cumplirse lo expresado por la prótasis. Los elementos encargados de introducir este tipo de oraciones son si (generalmente), a condición de que, cuando y como. De este modo, “Si estudias lo necesario aprobarás esta asignatura”.
Subordinadas concesivas: al igual que en el caso anterior, nos solemos referir a la oración subordinada como prótasis, y a la principal como apódosis. La primera expone un hecho real (en indicativo) o hipotético (en subjuntivo), y la segunda expresa una idea opuesta a la esperable: “Aunque está lloviendo saldré a pasear” / “Aunque estuviera lloviendo saldría a pasear”. Este tipo de subordinadas son introducidas por aunque, si bien, aun cuando, aun si, etc.
Subordinadas comparativas: no es habitual que encontremos este tipo de subordinadas en los textos ya que, en general, el verbo de la subordinada no suele comparecer para evitar una repetición que se siente como innecesaria: “Hoy hemos jugado más tiempo que ayer” / “Hoy hemos jugado más tiempo del que jugamos ayer”. Su estructura se ajusta a la del grado comparativo.

Subordinadas consecutivas: este tipo de subordinadas se sienten más que como tales como oraciones coordinadas. Son introducidas por que y aparecen vinculadas a un cuantificador de la oración anterior, aunque, sintácticamente, dependen del elemento cuantificado (sustantivo, adjetivo, adverbio o verbo). Ejemplos: “Tiene tanto trabajo que no aparece por casa”; “Estaba tan cansado que me quedé en casa”; “Salió tan deprisa que no nos vio”; “Llovió tanto que se inundaron los locales comerciales”.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Elementos de relación.

Definición.-
Con la expresión elementos de relación (o conectores) nos referiremos a las llamadas preposiciones y a las conjunciones, así como a las combinaciones de elementos que equivalen a estas y que son denominadas locuciones preposicionales y conjuntivas.

Las preposiciones.-
Estamos ante un grupo de palabras consideradas morfemas independientes y que actúan como elementos subordinantes. Pueden ser transpositores o no. Son las siguientes: a, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre y tras. Formas arcaicas, hoy en desuso, son cabe (‘junto a’) y so (‘bajo’).
Deben considerarse también preposiciones durante y mediante. Asimismo, algunos usos de como puede afirmarse que son preposicionales.
Por otro lado, existen las llamadas locuciones preposicionales, conjuntos de dos o más palabras equivalentes a una preposición, fijados ya en la lengua, como, por ejemplo, junto a, acerca de, con objeto de, gracias a, en torno a, respecto de, en virtud de, etc.

Las conjunciones.-
Al igual que las preposiciones, también se trata de morfemas independientes, pero aquí nos encontramos con elementos que subordinan y otros que coordinan. A estos se les denomina conjunciones coordinantes y actúan como conectores de segmentos equifuncionales o equicategoriales. A aquellos se les denomina conjunciones subordinantes y actúan como transpositores.
También en este caso hallamos las llamadas locuciones conjuntivas, es decir, combinaciones de dos o más palabras, fijadas en la lengua, y que equivalen a una conjunción a todos los efectos. Así, serían coordinantes locuciones como así que, ya...ya, etc., y subordinantes puesto que, si bien, aun cuando, a fin de que, etc.
Las conjunciones y locuciones conjuntivas coordinantes pueden clasificarse en:
1) “Copulativas”: se utilizan para unir dos o más elementos con carácter de adición, como y (e), ni, tanto...como, etc.
2) “Disyuntivas”: el sentido aportado a la unión por este tipo de conjunciones es de incompatibilidad entre los términos unidos o de equivalencia. Lo son o (u), o bien, ya...ya, es decir, esto es, tan pronto...como, etc.
3) “Adversativas”: unen dos elementos que expresan ideas contrapuestas. Así, por ejemplo, pero (mas), sino, sino que, aunque, sin embargo, no obstante, etc.

4) “Consecutivas”: unen dos términos de modo y manera que uno es consecuencia del otro. Son conjunciones y locuciones consecutivas luego, con que, así que, así pues, de modo que, etc.